Los kayaks son embarcaciones de uno o dos tripulantes bastante estrechas y poco largas propulsadas por fuerza muscular (es decir, a base de remos) y gozan de una alta popularidad.

Algunos modelos tienen un anillo impermeable que rodea al remero e impide la entrada de agua, cosa que lo hace más cómodo de operar gracias a que no hay peligro de que uno se llegue a mojar de la cintura para abajo.

Otros tienen cambios en el diseño o incorporan algún otro tipo de propulsión (ya sean pedales o motores) pero igualmente usan el nombre “kayak” por motivos comerciales.

El origen de los kayaks se remonta a los cazadores esquimales que necesitaban un tipo de embarcación fácil de hacer y de manejar para acercarse a los bancos de peces: se han encontrado pruebas de su existencia no solo en el Canadá y regiones nórdicas de América del Norte pero también en Groenlandia y el noreste asiático.

Estos kayaks antiguos tenían una estructura de madera y una cubierta de piel de foca: la palabra kayak significaba “bote del hombre” o “bote del cazador” alternativamente y la tradición de su construcción se solía pasar oralmente de generación en generación.

Las reglas modernas establecen que los kayaks largos son más seguros: como mucho suelen ser 6m largos pero eso se da en el caso de que sean pensados para cubrir largas distancias: su estabilidad debe de ser alta: la forma del casco influye en si son fáciles de mantener en una dirección o es difícil girar y cambiar de sentido.

Los kayaks modernos suelen fabricarse a base de polietileno aunque también los hay de fibra de vidrio: los segundos son más caros porque el proceso de fabricación no es tan simple como en los primeros y exige más esfuerzo y tiempo de trabajo.